Arteterapia y oncología

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No es fácil vivir con cáncer; desde el momento del diagnóstico se desencadenan el ¿por qué? y múltiples ¿y ahora qué?

La enfermedad toma el control sobre la persona, que fácilmente se ve invadida por la ansiedad y la incertidumbre.  Por ello, desde las distintas aproximaciones terapéuticas al trabajo con pacientes oncológicos (psicoterapia grupal, psico oncología, arteterapia…) se subraya la importancia de recuperar los sentimientos de valía personal, de control y la certeza de que hay un futuro sobre el que decidir, que las decisiones del presente tienen efecto más allá de la lucha contra la enfermedad.

En el caso de niños con cáncer, es especialmente importante trabajar desde la parte sana; más allá de su realidad como “pacientes” , volver a ser “niños”, puede ayudarles a superar estos momentos duros. En los niños, pintar o modelar es una actividad de ocio normal, integrada en su desarrollo. Cuando pasan por momentos traumáticos relacionados con el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad, poder expresarse a través de estos medios puede ser muy beneficioso para ellos y para sus familias.

El cáncer es una enfermedad persecutoria: las ansiedades que despierta la enfermedad perduran más allá de las intervenciones quirúrgicas y el tratamiento, extendiéndose incluso pasada el alta médica. El arteterapia puede ser una referencia fija y constante desde el momento del diagnóstico hasta después de la incorporación de la persona con cáncer a su vida normal y ofrecer apoyo en los momentos previos y posteriores a las revisiones.

El trabajo con arteterapia quiere ofrecer acompañamiento en el momento del diagnóstico y el proceso del tratamiento; reducir los niveles de ansiedad en distintas fases de la enfermedad y facilitar la expresión de emociones difíciles a través del arte, procurando así una mejor calidad de vida. Todo ello sin perder de vista las necesidades y el ritmo de cada persona, interviniendo de manera más o menos profunda según lo requiera el paciente, grupo o el momento de la enfermedad.

Si se logra acompañar al paciente hacia la aceptación de la enfermedad, en el terapeuta se produce un cierto movimiento transformador y sobre todo un enorme aprendizaje de la experiencia vital compartida.

Para saber más

Recomiendo este artículo de Nadia Collette en la revista Psicooncología: Arteterapia y cáncer

 

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